La herencia
Otra de las increíbles ventajas del nuevo puesto de trabajo es que mi predecesor, pese a su apariencia humana, era un maniquí. Al parecer lo dejaban sentado fernte al ordenador y daba muy bien el pego, simulando a un trabajador real. Así que, mes tras mes, el trabajo se ha ido acumulando hasta la llegada de un pringado que cobre un poco más que el maniquí y herede su legado conformado por grandes montañas de expedientes. Y ¿quién ha sido el agraciado?... PUES QUIÉN VA A SER, YO, COÑO.




