La fuente de laxante
Muchos ciudadanos se quejan de que los funcionarios que les atienden tienen cara de estreñidos. En mis dependencias no tenemos este problema, pues la Administración, en su infinita sabiduría, nos ha instalado una fuente de laxante camuflada bajo la forma de una vulgar fuente de agua.
El delicioso sabor a herrumbre oxidada ya te indica que no estás ante un agua cualquiera, después sólo tienes que dejar transcurrir un minuto para alcanzar la liberación interior, salvo que tengas un esfínter de acero y aguantes como un campeón, con la cara blanca como un folio, encorvado, rezando para que el jefe no te llame y te tengas que levantar, mirando fijamente a la papelera como única solución a tu problema porque sabes que no vas a llegar. Toda una experiencia extrema.


