Pelillos a la mar
El servicio vuelve a ser objeto de comentario, y es que últimamente vengo observando un hecho singular y de exquisito gusto. Se trata de la presencia de ciertos elementos de vello púbico sobre la tapa de la cisterna del WC. Por lo general, tengo la costumbre de soplar y dejar que los pelos se dispersen y vuelen libres como gráciles pajarillos, pero YA ESTOY HARTO y he decidido que no lo voy a hacer más, a ver si así un día me encuentro con un nido de cigüeña hecho con pelo de huevo, para luego poder donarlo al zoo o subastarlo por ebay.
Pero ¿cuál será el origen de tan peculiar situación?. Reconstruyamos los hechos: el compañero entra a miccionar, y como sufre de ladillas aprovecha el momento para rascarse con fruicción, lo que unido a una alopecia púbica aguda provoca el desprendemiento del vello; pero entonces ¿por qué lo esparce sobre la tapa del WC?. La respuesta la encontré viendo un documental de La 2; al igual que el león mea para marcar territorio y supremacía, el compañero hace lo propio con su vello púbico para así autoproclamarse como el macho alfa de las dependencias administrativas.



En mi oficina hubo una temporada en la que en la tabla del váter de chicas aparecían pisadas, es decir, alguna lo usaba ¡subiéndose a él! que mira que es una postura incómoda. Pues una compañera que tiene el despacho en un lugar privilegiado para el caso se dedicó a investigar para pillar a la susodicha. Estaba claro que era alguna de las nuevas pues antes no se había dado el caso. Y la pilló, vaya si la pilló, era nada más y nada menos que la jefa de atención primaria ¡pero qué se había pensaó la muy imbécil! No llevó frío... (Comment this)
Menos mal que ya he desayunado. (Comment this)