Un día se nos apareció un técnico de riesgos laborales
Efectivamente, llegó envuelto en un halo de luz prometiéndonos pantallas planas para el bien de nuestros ojos, mesas y sillas nuevas para que no nos dolieran los huesos, . . . nos sentimos como los pastorcillos de Fátima, ESTÁBAMOS PRESENCIANDO UN MILAGRO! ¡Aleluya hermanos!, grité embargado por la emoción de ese momento místico.
Sin embargo, el tiempo fue pasando y nada ocurrió, así que hemos llegado a la conclusión de que fue una alucinación colectiva.


